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Mujeres víctimas de maltrato

La historia de Pilar: Pilar* tiene 36 años, a los 20 quedó embarazada y se casó con un hombre que durante 15 años la maltrató. Ella no se daba cuenta del grado de violencia en el que vivía toda su familia, sus hijos se enfrentaban a diario con su padre para protegerla. Alcohólico, su esposo la maltrataba física, psicológica y emocionalmente. Amenazada con golpes y ofensas, Pilar vivía presa de un infinito miedo. * Por motivos de seguridad y confidencialidad, los nombres de las entrevistadas se han cambiado.
Cuenta que la noche en la que se decidió a huir, él llegó a su casa borracho y lanzando cosas contra ella, "me estuvo pegando durante toda la noche, desde las 10 de la noche hasta las 5 de la mañana, como a las 6 yo me salí a escondidas sólo con mi pequeña de un año", expresa llorando. Para poder escapar, Pilar tuvo que dejar a sus otros dos hijos. Ese fue el inicio del vía crucis que vivió para poder llegar al albergue que la salvaría de toda esa violencia. "Yo no tenía dinero cuando me escapé, ni siquiera para el pasaje del camión, pero el chofer me vio tan golpeada y cojeando que me dejó subir así".
Sin saber que tenía una pierna fracturada, Pilar llamó a la policía con algunos centavos que encontró en su bolsa, "hice la llamada y ahí me tranquilizaron, me dijeron cómo podía llegar a la central y sin dejarme colgar ellos sincronizaron todo. Cuando llegué me dieron algo de dinero para que comiéramos mi niña y yo, y me trajeron al albergue".
Pilar* no es la única. En algún momento de sus vidas, más de la mitad de las mujeres en Latinoamérica han sido objeto de agresiones en sus hogares; el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calcula que de este total, un 33 por ciento fue víctima de abusos y un 45 recibió amenazas e insultos. La violencia contra las mujeres no sólo es obstáculo en el desarrollo económico y social de un país, sino que se ha vuelto una terrible forma de vida en las sociedades latinas, en donde la educación machista rige el desarrollo personal femenino.
Martha Lucía Mícher, directora del Instituto para la Mujer en la Ciudad de México, comenta que la educación tan dispareja entre hombres y mujeres viene de una cultura sexista y de completo abuso. "La violencia contra las mujeres es un delito, no un problema, y hasta que dejemos de verlo como tal, podremos hacer algo para eliminar esta distinción grave de género", expresó.
La violencia de género es una realidad para muchas mujeres del mundo; la Asamblea General de las Naciones Unidas la define como todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga como resultado sufrimiento físico, sexual o psicológico, inclusive amenazas, coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida pública como privada.
El inminente peligro de convivir con un agresor, la privación de la libertad y el abuso continuo, son las principales razones por las que buscaron refugio en el albergue 13 mujeres junto con sus hijos. Estela* conoció a su marido desde pequeña, eran vecinos y desde chica fue su novia. Conforme fueron creciendo formalizaron su relación y un día decidieron vivir juntos, tener hijos y formar una familia. No imaginó nunca la vida que le esperaba a su lado. El comenzó a drogarse con marihuana y crack, y fue entonces cuando comenzaron los episodios violentos, las humillaciones y las ofensas.
La situación se hizo insostenible, sus dos hijos, una niña de 10 años y un pequeño de 3, lloraban todo el tiempo y ella decidió huir. "Ese día llegó a las 12 de la noche tomado y nosotros ya estábamos durmiendo, entonces empezó a insultarme sin que yo me despertara y comenzó a golpearme en la cabeza. Yo no le hacía caso pero mis niños se despertaron llorando y a mi niña le decía que le trajera el cuchillo para de una vez matarme. Mi hija me protegía porque él me seguía pegando. Después les dije a mis hijos que se hicieran los dormidos y que ahorita nos íbamos, y ya que lo oímos roncar, como a la una de la mañana, nos salimos a escondidas".
Estela vio en los ojos de su marido el peligro de su propia muerte, y el temor por su vida y la de sus hijos le dio el valor para querer iniciar una nueva vida, libre de golpes. Referirse a la violencia en contra de las mujeres es abarcar un conjunto de hechos y situaciones vinculados a la condición femenina en el mundo actual.
La falta de derechos en el plano económico, social, político y cultural convierte a las mujeres en seres de segunda clase, dependientes y vulnerables frente a los demás. Es una realidad innegable que la violencia en la familia, particularmente la ejercida contra menores y mujeres, existe en un alto porcentaje. Cifras proporcionadas por la Organización de las Naciones Unidas revelan que el 65 por ciento de las mujeres a nivel mundial sufren este problema y que consecuentemente se repite de madres a hijos.
Fue el caso de Concepción*, que vivió la violencia desde pequeña en su casa, viendo como su padre golpeaba a su madre sin que ella hiciera nada. La situación se repitió cuando ella se casó, al año y medio de casada comenzaron las agresiones, la baja autoestima que tenía hizo que permitiera tanto abuso. Las veces que Concepción quiso abandonarlo, se enfrentaba con los reproches de su propia familia, que la presionaba a regresar con él y seguir aguantando. En la única ocasión en que su esposo la amenazó con hacerle algo a sus pequeños, comprendió que no podía seguir viviendo a su lado y se decidió a huir.
"Yo quiero que mis hijos vivan sin violencia y que no permitan ningún tipo de abuso", dice. Tres días antes de entrevistarla, Concepción recibió la noticia de que su esposo había muerto, no sintió gusto, sino una profunda culpa que ahora trata de aliviar con ayuda psicológica que el mismo albergue le brinda. Desde siempre, creencias y valores acerca de las mujeres y de los hombres han caracterizado una sociedad patriarcal que define a los varones como superiores por naturaleza y les confiere el derecho y la responsabilidad de dirigir la conducta de su mujer.
Los estereotipos de género, transmitidos y perpetuados principalmente por la familia, la escuela y los medios de comunicación, sientan las bases para el desequilibrio de poder que se plantea en el noviazgo, el matrimonio o la convivencia.
Para Magdalena* la violencia era una situación normal en su vida, de niña aprendió a cocinar, a lavar y a ser violentada; por eso cuando su marido la agredía no supuso que era digna de buscar ayuda. Pero al ver a su hija de 5 años pidiéndole que se fueran le abrió los ojos a la realidad que estaban viviendo y decidió huir.
"Esa vez llegó como a las 10 de la noche tomado, quería que le hiciera de cenar, que lo atendiera como a un rey, yo le dije que la hora de cenar ya había pasado y entonces empezó a ofenderme e insultarme.Comenzó a guardar sus cosas en su camioneta y se fue, pero antes de irse me golpeó y me humilló, yo trataba de detenerlo para que no se fuera porque me daba mucho miedo estar sola, eso le dio más valor para seguir agrediéndome. Fue cuando decidí ir a la policía".
La violencia contra la mujer está presente en la vida de cada una, en el momento en que no podemos decir que no o en el instante mismo en que dudamos defender nuestra dignidad ante todo. El miedo a estar solas y a enfrentar el mundo nosotras mismas no puede ser más grande que el miedo a morir, y vivir merece ese grito de libertad que nos puede salvar.
UNICEF reportó que en Belém do Pará, Brasil, marineros extranjeros tuvieron relaciones sexuales con niñas de 9 a 14 años por 30 dólares. Uno de ellos dijo que esa ciudad "es el paraíso sexual del mundo, se puede conseguir una niña de la edad que se quiera y en el momento que se desee".
De acuerdo a estudios realizados por el BID en varios países de la región, la violencia ejercida contra las mujeres en el ámbito familiar, conduce a una caída en la calidad de vida, a un aumento en las tasas de mortalidad y a una mayor inestabilidad laboral. (Inter Press Service, 1997).
Según el BID, en Chile el 60 por ciento de las mujeres que viven en pareja sufre algún tipo de violencia doméstica y más del 10 por ciento agresión grave. Una de cada tres familias vive en situación de violencia doméstica. En Colombia más del 20 por ciento de las mujeres han sido víctimas de abuso físico, 10 ha sido víctima de abusos sexuales y 34 por ciento víctima de abusos psicológicos.
Información del BID arroja que en Argentina en una de cada cinco parejas hay violencia, en el 42 por ciento de los casos de mujeres asesinadas, el crimen lo realiza su pareja. El 37 por ciento de las mujeres golpeadas por sus esposos lleva 20 años o más soportando abusos de ese tipo.

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