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¿Cómo controlo a un niño malcriado?

Los niños no vienen con un manual de cómo educarlos pero ese es el sueño de muchos padres. Uno de los puntos más conflictivos es cuando no se sabe cómo disciplinar a los hijos, muchas veces se cae en los extremos y el resultado es desastroso pues, si se les consiente mucho o se les disciplina demasiado, el desarrollo del pequeño no será el correcto. Por ello es preciso conocer cuando los hijos se vuelven malcriados y cuando no lo son, y en el primer caso, hay que saber cómo manejarlos de la mejor manera.
Para empezar, los primeros indicativos de que un niño está fuera de control es cuando es incapaz de obedecer una indicación, no puede detenerse cuando se le ordena. Cuando tu hijo busca que lo que él pide se cumpla inmediatamente, es egoísta, no puede convivir de manera saludable con otras personas y/o recurre a las agresiones.
Debes aceptar que muchos de estos problemas tienen que ver contigo. Qué tan flexible eres con tu hijo es uno de los factores más importantes. Un niño descontrolado debe aprender sobre los límites y en ello tú debes ser determinante. Si, cuando fijas una regla o prohibición, tú eres el primero que se tiene que apegar a ella. Si el niño no debe ver televisión en cierto horario, el debe respetar esa regla.
Si tu niño ha aprendido que cuando hace una rabieta o llora te convence, estás actuando muy mal. Esto le enseñará a manipular a las personas y a mentir. Además, de que, con el tiempo, la intensidad de estos episodios irá creciendo cuando quiera algo más grande.
No permitas que te convenza de esa manera, a muchos padres se les rompe el corazón cuando ven a su hijo llorar pero los niños deben a prender a aceptar pequeñas desilusiones para desarrollar importantes mecanismos que les ayudarán a sobrellevar situaciones de estrés emocional más adelante.
Muchas veces, cuando los niños se empeñan en algo, es para ver si pueden obtenerlo y hasta dónde llegarán, aunque realmente no tengan idea de qué desean. El niño también debe aprender a expresarse y tú debes ayudarlo, para ello, cuando tu hijo quiera algo, debes pedirle que te explique las razones de por qué lo quiere.
Cuando un niño obtiene muy fácilmente lo que quiere, es muy poco probable que tenga consciencia de cuál es el valor de las cosas. Ayuda a que tu hijo se gane las cosas que tú le das, esto es que si quiere un juguete nuevo, gane puntos con su buen comportamiento, con labores en el hogar o con buenas calificaciones. Eso sí, no le prometas nada que no vayas a cumplir.
Sin embargo, es importante que le expliques que se trata de un premio por cumplir con sus tareas y no de un pago por hacer cosas para ti, ya que puede tener la idea errónea de que es tu obligación darle cosas a cambio de que él se porte bien. Debes explicarle que todo lo que hace es para su beneficio propio, por ejemplo, las buenas notas son para superarse académicamente y no para obtener una bicicleta nueva.
Este es un ‘tip’ que ayudará al tu hijo a expresar mejor sus sentimientos ya que, cuando cometen una agresión contra otra persona, contra de sí mismos o hacen una rabieta, es porque no saben cómo canalizar su enojo y frustración.
Aquí interviene también el tiempo que le dedicas y la atención que reciben, cuando una de sus necesidades básicas no está cubierta, es muy probable que no sepa cómo expresarlo y todo acabe en un berrinche. A veces la causa de la ansiedad puede venir de que pasa demasiado tiempo encerrado en casa.
Programarte para pasar tiempo de calidad con tu hijo es excelente, un par de horas en las que convivan juntos, jueguen al aire libre, practiquen su deporte favorito o, si es el caso de que el niño tiene problemas de concentración, intenten hacer actividades como aprender a tocar un instrumento musical u otra actividad artística como dibujar.
Recuerda que tú eres el principal ejemplo para tu niño, cuando dices groserías, él las aprenderá, si desatas tu enojo gritando, él lo hará también. Si, por el contrario, decides arreglar tus problemas de la manera más diplomática y serena, él lo hará también.
Muchas de sus respuestas cuando un niño está haciendo una rabieta, tienen que ver con la forma en la que el padre lo trata. Por ello es muy importante que cuando se desata uno de estos episodios te calmes y te coloques a su altura al momento de hablar con él.
El contacto visual es igualmente importante. Si el niño se encuentra muy enojado o nervioso, mientras lo alientas a explicar lo que sucede, lo mejor será tocarlo suave pero firmemente con la palma de la mano sobre el pecho o el estómago y esto le ayudará a moderar su respiración.
Es vital que no lo interrumpas mientras está hablando y que cuando sea tu turno de hablar, lo hagas con un tono de voz firme pero bajo. No debes olvidar que en ningún momento se trata de humillar, maltratar o subyugar al niño porque es evidente que tú eres más fuerte que él.
Por último, tienes la opción de ejercer lo que los expertos llaman “tiempo fuera”. Esta efectiva maniobra consiste en pedir al niño ha explotado que se aísle por cinco minutos, ya sea en su habitación o una zona fuera de peligros, para que se calme y reflexione sobre sus pensamientos y sentimientos. Una vez terminado el lapso, el niño podrá hablar con sus padres sobre lo sucedido.
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