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Habla con tus hijos sobre los retos de la paternidad adolescente

Ser padre no es un juego y ese ese es el mejor argumento para prevenir que tus hijos se embarquen en una aventura más difícil de lo que imaginan. Sin embargo, ellos necesitan recibir esta información de los padres, maestros y otros adultos de confianza que los rodean para prevenirlo.
Este par de jóvenes sólo tenía 16 años cuando recibió la noticia de que tendría, no sólo una, sino dos bebés. Leighanne Crampton no se dio cuenta de que estaba embarazada hasta los cuatro meses de gestación.
Luego de hacerse el chequeo médico y recibir la noticia, les informaron que sus pequeñas no estaban del todo sanas, pues padecían una condición fetal delicada.
Tanto Leighanne como su novio Kyle fueron al hospital todos los días, de las 13 semanas anteriores al alumbramiento para no descuidar la salud de sus gemelas, pero como era de esperarse, ambos descuidaron sus estudios.
Ambos pusieron el doble de esfuerzo en estudiar para sus exámenes de grado y en cuidar del embarazo, y aunque lograron con éxito pasar ambas pruebas, este es sólo el comienzo de una vida llena de retos. La historia de Leighanne y Kyle es por demás inspiradora, pero nos pone de frente con un tema delicado y vital para los hijos que abre preguntas como: ¿cómo prevenir un embarazo adolescente?, ¿saben los chicos los retos que esto implica? o ¿qué pueden hacer los padres para ponerlos al tanto de las cosas que no son divertidas de tener un bebé?
Esta situación no es nueva, en el país alrededor del 44 por ciento de las adolescentes latinas quedan embarazadas antes de los 20 años, en comparación con el 30 por ciento de los adolescentes en general, de acuerdo con la Campaña Nacional para Prevenir el Embarazo en Adolescentes del 2012. Otro ejemplo es Gran Bretaña, que tiene una alta tasa de embarazos adolescentes (39 mil embarazos en menores de 18 años, según datos del censo 2006, y de éstas 7 mil tenían menos de 16 años), pero esta situación se repite en todo el mundo, sobre todo en sectores con bajos recursos económicos.
Como padres es importante que la confianza y la apertura hacia temas de sexualidad exista, así los chicos tendrán mayor comunicación en familia y será más fácil asimilar los consejos. La adolescencia es la etapa donde un ser humano despierta a la vida y siente curiosidad por su cuerpo y el del sexo opuesto, así que es mejor hablar sin morbo sobre sexualidad para no generar mayor curiosidad y expectativa en ello.
Aunque las campañas del gobierno tienen como finalidad hacer conciencia sobre el uso de anticonceptivos y la planificación familiar, ellos identifican los riesgos como enfermedades de transmisión sexual y hasta embarazos, pero no conocen el alcance de ' tener un bebé'.
La única forma de combatir este peligro es ofreciéndoles información adecuada desde que son pequeños. No se trata de organizar sermones familiares sobre sexo. La pedagoga argentina Nora Rodríguez, autora del libro “¿Hablas de sexo con tu hijo?" cuenta que el secreto es aprovechar una conversación relacionada con ello para instruir al o la menor. Además, propone que en los colegios “no sólo den charlas de educación sexual los que quieran vender algún producto, sino profesionales médicos” para que expliquen el proceso físico que implica un embarazo.
También es recomendable hablar sobre el proceso social de tener un hijo, y no precisamente este rubro es estigmatizar a las chicas o chicos que han enfrentado esta situación, más bien explicarles que su vida cambia por completo.
Desde el asunto de los pañales, que no es agradable a su edad, hasta de cómo tendrían que modificar sus planes de vida en función del nuevo ser que llegará al mundo. Aunque estas charlas suelen tomarlas a la ligera, es un hecho que es mejor que lo sepan a que lo ignoren.
Para la pedagoga, la educación sexual debería empezar desde bien pequeños, por ejemplo, “llamando a los genitales por su nombre” y no con los muchos otros nombres que se les atribuyen. Lo importante es enseñar que tener relaciones sexuales implica responsabilidad y respeto. Respeto a la pareja y a sí mismo. Deshacer mitos falsos y mostrarles la realidad siempre con cuidado, sin reñir y preguntando para hacerle reflexionar.

El objetivo es claro: evitar embarazos indeseados que tienden a aumentar cada vez más, y concienciar a los jóvenes de que el sexo, más allá de un divertimento, tiene que ser una práctica responsable en la que ambos miembros de la pareja se respeten mutuamente.
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