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La Plange, centro de esquí y entrenamiento olímpico

La Plagne 2010

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Vacaciones en La Plagne

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St. Moritz, el paraíso de la nieve

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Placer en la nieve

AIME-LA PLAGNE, Francia – Lo más probable es que nunca compita en los Juegos Olímpicos de Invierno, a menos que alguna vez abran una categoría para esquiadores mediocres que piensan que son buenos y se atreven a casi cualquier cosa.

Y si ese momento llega, en mi discurso de agradecimiento al recibir mis medallas, haré una mención especial al centro de esquí de La Plagne, en Francia, donde este invierno debuté en tres nuevas actividades sobre la nieve y el hielo que me podrían servir para competir: el salto en rampa, bobsleigh individual y vuelo en parapente.

Esta fue mi segunda visita a La Plagne y la primera después de recuperarme de la operación por la rotura del ligamento cruzado de la rodilla derecha, que sufrí en diciembre del 2007.

Así que cuando publiqué las primeras fotos de mi salto en rampa, las primeras reacciones de quienes las vieron fue opinar – con alto grado de sensatez- que no solo estoy un poco loco, sino que ya estoy demasiado viejo para saltar así.

Yo aprendí a esquiar a los 40 años, así que lo más probable es que mis críticos tengan razón, pero para mi lo que me falta es tiempo para recuperar todos esos años que no conocí el placer del deporte en la nieve, así que no me iba a perder la oportunidad de realizar algunos saltos, a pesar del riesgo.

Lo que no se ve a simple vista es que el destino final tras el salto es una enorme bolsa de aire que amortigua la poco elegante caída y evita casi cualquier accidente. De todas formas, yo me las arreglé para que en mi tercer salto hiciera el aterrizaje con la cara sobre la lona, lo que causó que el marco de las gafas de nieve me dejara un par de cortes sobre las cejas y en la nariz, que por suerte no requirieron puntos de sutura.

El éxito de mis saltos me animó a experimentar una de las grandes atracciones de La Plagne: la pista de bobsleigh que se utilizó en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1992 y después quedó abierta para recibir a unos 10 mil turistas todos los años.

La pista de bobsleigh de La Plagne – la única de Francia abierta al público - ofrece la oportunidad de hacer el recorrido de las competencias olímpicas en un carro de cuatro plazas, uno de dos con un piloto profesional y uno individual, en el que se pueden superar las 65 millas de velocidad.

Por supuesto que para mí, la elección fue el 'monobob' que aunque suena como el más arriesgado, en realidad no lo es tanto, porque el trineo en que te tiran por la pista helada en realidad es una jaula metálica que te protege perfectamente de la eventualidad de una volcadura.

Entre el 8 y el 22 de febrero de 1992, 350 atletas de 27 países compitieron en tres eventos en esta pista. El 22 de enero del 2010 a las 6:45 PM, yo me tiré por la misma pista en el ´monobob' y para tranquilidad de los competidores olímpicos de 1992, todos sus récords quedaron intactos tras mi recorrido.

A pesar de eso, es una experiencia única que vale la pena vivir no solo por la historia olímpica sino porque la sensación de velocidad en un espacio cerrado como esta pista simplemente no se parece a nada.

Otra buena experiencia en La Plange es el vuelo en parapente, un servicio que ofrecen varios expertos en diferentes puntos de este centro de esquí por precios que van de unos 50 euros por un vuelo de unos 10 minutos hasta 100 por casi media hora.

En mi caso, el vuelo fue en el área de Champany con Pierre, un instructor de vuelo en parapente que realiza entre 600 y 700 vuelos al año y con orgullo presume que este es tu trabajo de tiempo completo y que el cielo sobre los Alpes franceses es ¨su oficina¨.

Así que mientras el Comité Olímpico Internacional decide incluir una categoría en la que  pueda competir con mis limitadas habilidades en los esquís, yo realizaré los trámites necesarios para decidir por cuál país competiría: Argentina, donde aprendí a esquiar; Chile, donde he esquiado más que en ningún otro lugar; Estados Unidos, de donde soy ciudadano; México, donde nací o Francia, donde disfruté mis mejores vacaciones de esquí.

Eso si alguno se atreve a aceptarme.

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