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Vacaciones de invierno

La Plagne

La Plagne - Univision.com

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St. Moritz, el paraíso de la nieve

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La pasión del frío

AIME-LA PLAGNE, Francia – "¿¡Vienes desde Miami para esto!? ¿¡Dejaste el sol, la playa y el calor sin humedad de enero para venir a pasar este frío!? ... ¿¡Estás loco!?"

Lo necesario para tus vacaciones está en Viajes

Mi compañera de viaje en el Metro desde el Aeropuerto Charles de Gaulle a la Estación de Lyon en el centro de París, me dijo todo esto con una incredulidad tan acusadora esa fría y gris mañana de domingo, que por algunos segundos me hizo sentir culpable. Fracasó.

Y cuando le dije que iba a la Gare de Lyon para tomar el Train a Grande Vitesse (TGV) para llegar al centro de esquí de La Plagne, fui yo quien la hizo sufrir ...de envidia.

Porque para quien ha descubierto la pasión del esquí alpino, cualquier sacrificio es poco para disfrutar de una semana en la nieve.Sobre todo para alguien que vive en Miami, una ciudad que experimentó su última nevada hace justamente 30 años este mes.

Ocurrió un miércoles muy temprano. Ese 19 de enero de 1977, la llamada Capital del Sol amaneció con temperaturas por debajo de los 30 grados y por algunos minutos, una ligera llovizna se asoció a las condiciones climáticas ideales para que el agua se convirtiera en nieve.

Pero para las 9 y media de la mañana, la delgada capa blanca que se había formado sobre las palmeras y los flamencos de plástico rosado en los jardines de los residentes de Miami, ya era simplemente agua.

Agua muy fría, pero agua a fin de cuentas, que sirve para muchas cosas, pero no para ponerse los esquís, los guantes, la chaqueta, la gorra de lana y los googles, para lanzarse por una colina haciendo piruetas.

Mi celebración del 30 aniversario de la "gran nevada de Miami de 1977", la pasé en el Club Med de La Plagne, en los Alpes franceses, donde aprendí a desafiar la lógica y el miedo para echar todo el peso de mi cuerpo hacia atrás a la hora de hacer unos tímidos giros de 360 grados en una colina nevada, para luego seguir rumbo al pie de la montaña de frente, sin parar y, por suerte, sin caerme.

Yo aprendí a esquiar después de cumplir los 40 años. Así que el simple hecho de sobrevivir una semana de esquí sin una fractura, una distensión de ligamentos, un desgarre muscular o sin causar daños a terceros o la propiedad ajena, es un triunfo que no tiene precio.

Lo que sí hay que pagar en estos viajes son los pasajes, el hospedaje, los pases y las lecciones de esquí.Y por muy raro que pueda parecer, Miami puede ser un excelente centro de operaciones para planear unas vacaciones de esquí a casi cualquier destino del mundo, sin tener que declarar la banca rota .

En el invierno, por ejemplo, puede resultar mucho más barato ir a esquiar a La Plagne, en Francia, que a Whistler, en Canadá. Casi $1 mil más barato.

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