¿Cómo motivar a nuestros hijos?

Observa a un niño haciendo algo como explorar. No hay algo más maravilloso que ver a un niño pequeño buscando cocuyos, esos insectos que en la noche “encienden” su luz; les das un frasco de cristal y les sugieres que pongan los cocuyos en él y así van a ver mejor en la noche... se les dice que es como una linterna natural... y así se pueden pasar horas disfrutando.

Observa a un joven que tiene su pequeño negocio de cortar césped. El se siente movido por el querer reunir dinero para poder comprar algo que necesita o que quiere; la satisfacción se le nota pues está logrando pasito a pasito, pesito a pesito su meta, él es un ejemplo de la motivación externa.

Sí, la motivación puede ser impulsada por algo de satisfacción propia, recompensa incalculable, la interna o ser impulsada por algo externo como el logro de algo material.

Nosotros los adultos vamos a trabajar todos los días, por lo general por dos razones. Una por la satisfacción personal de hacer un trabajo que nos gusta y lo hacemos bien o por el hecho que a Dios gracias tenemos un trabajo, una razón para levantarnos por la mañana; es obvio que esto es una motivación interna. Pero también tenemos la motivación externa de que nos van a remunerar nuestro trabajo, nos van a pagar.

También nos motiva el tener éxito y reconocimiento en lo que hacemos. Cuando trabajamos para alguien que reconoce nuestro esfuerzo, trabajamos mejor y con alegría.

¿Qué nos hace pensar que nuestros hijos no necesitan lo mismo? Si un niño continuamente trata de hacer su tarea y al ser revisada lo único que le enseñamos es lo que ha hecho mal, posiblemente, dejará de tratar de hacerlo.

Cuando un niño cree que no puede tener éxito ya sea porque ha cometido muchos errores o porque alguien continuamente le hace pensar que él es un error, que él siempre comete errores, su autoestima sufre y deja de ser ese niño que buscaba cocuyos por la noche, aunque se le escaparan unos cuantos.

Primero miremos y señalemos lo que hicieron bien y más importante el esfuerzo que puso en hacerlo. Si se le puede decir “Mira qué bien hiciste estas líneas, qué derechas las letras, yo sé que puedes hacer el resto así”

Hay un nuevo movimiento en educación que en vez de señalar los errores con ese miserable lápiz rojo lo están haciendo con uno morado, pues no es tan drástico... duele menos quizás. El mensaje es enfoquémonos en lo que hace bien y mencionemos lo que puede cambiar para corregir los errores.

Señalemos las habilidades de ellos para que con sus habilidades conquisten sus áreas débiles. Si es un niño con facilidad para los números pero le cuesta ser ordenado o más cuidadoso con su presentación le podemos decir: "eres magnífico con las sumas y restas, necesitas hacer tus cuentas en este papel, y cuando termines de hacerlas las pasas en limpio para que lleves un trabajo más limpio a tu maestra. Y después se le celebra lo bien que hizo su tarea. El enseñarle en los puntos que ha mejorado en una tarea, le hace ver al niño que sí puede vencer retos en la vida. Le hace creer en él mismo. El éxito atrae más éxito.

Si tenemos una tarea complicada, la debemos dividir en pasos pequeños para que sea en secuencia. Cada paso que se da y se hace bien se considera un éxito y así va sintiéndose más seguro. La secuencia de los pasos mejora las probabilidades para el éxito.

Ejemplo: Tiene que leer un libro y hacer un reporte y contestar unas preguntas para su clase de inglés.

Divide esta tarea en pasos:

Ir a la biblioteca a buscar el libro.

Dividir los capítulos del libro por los días que le han dado. Si tiene 10 capítulos y le dan 10 días para hacer el reporte debe leer los 10 capítulos en 5 días para poder trabajar en el reporte 5 días. Dos capítulos por día.

Resumir lo que lee cada día por escrito. Fijarse en las preguntas que le han dado.

Revisarle lo que va haciendo notando lo bien que lo va haciendo.

Comenzar a escribir su reporte, notando las preguntas de la maestra y fijándose en sus notas que ha hecho cada día.

Terminar el reporte en un borrador.

Revisar el trabajo con él y notar lo bien que lo ha hecho, más importante el esfuerzo que ha puesto.

Pasarlo en limpio y entregarlo a su maestra.

Recordemos que lo importante es el esfuerzo y no la perfección. De esa manera los padres lo están ayudando a aprender a organizar su tarea y respaldar su esfuerzo. No le están haciendo sus asignaciones. El sabe que la nota que saca es fruto de su esfuerzo. Su esfuerzo le trajo el éxito.

Los mensajes que les damos a nuestros hijos no solo son en sus tareas escolares, pueden ser hasta en sus responsabilidades en su casa. Por ejemplo si recoge su cuarto y limpia y se le olvida una esquina debemos reconocer su esfuerzo y después le decimos “chequea tú mismo si todo está bien, yo veo algo que no está como el resto, ¿qué es?".

De esa manera el esfuerzo que él tomó en arreglar el cuarto no se esfumó en la esquina que no limpió.

La motivación se logra de las siguientes maneras:

Fijarnos en las habilidades y en sus pequeños éxitos

Crear oportunidades de éxito.

Crea interés para aprender. Prémialo quizás con un sellito de dinosaurios o algo que a él le gusta.

Un hogar estable y donde los niños tienen momentos de alegría y felicidad. Comiendo juntos en familia. Leyendo libros en familia. Teniendo hobbies. Ir a la iglesia juntos.

Tener sentido del humor familiar... Jugar juegos como monopolio, damas, dominó.

Introduce la música en la vida familiar. Haz el viernes bailable donde se escuche música de las dos generaciones.

Haz caminatas, ir al parque, ir a acampar. Buscar oportunidades para explorar todas las habilidades y preferencias de los hijos.

La motivación es algo con que nacemos, tenemos que mantenerla y ampliarla. Como adultos en la vida de nuestros niños es nuestro deber y esa motivación interna propia que nos lleve a hacerlo. Los invito a hacerlo y verán el éxito a sus esfuerzos.