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El divorcio y el Día de San Valentín

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Sola en San Valentín

- Grosby Group. Prohibida su reproducción.

Sola en San Valentín

Por Mandy Stadtmiller

Rápido, nombra tres cosas que odias. Está bien, voy a ayudarte. ¿Qué tal: 1) El Día de San Valentín, 2) Ser una mujer recientemente divorciada, y 3) Pasar el Día de San Valentín siendo una mujer recientemente divorciada? Lo sé. Soy bastante buena en esto, ¿verdad?

Desafortunadamente no existe una tarjeta de felicitación que diga: "Tienes 30 y eres divorciada... ¡suerte con eso!" Y sólo Dios sabe cuál es el tono correcto para que te digan: "No vas a morir sola, en realidad", (pero estoy segura de que te lo dirán subrayado, y en color amarillo.) Pero es tu realidad, y debes sobrevivir a esta situación. Yo lo hice, y tú también puedes hacerlo.

Así solía ser mi Día de San Valentín

Durante los nueve años que estuve con mi marido (cinco casados, y cuatro de novios), nuestro habito para el Día de San Valentín consistía en salir a comer a un restaurante de lujo, ir tomados de la mano en el coche mientras viajábamos hacia el lugar, y al final de la noche, intercambiar tarjetas escritas a mano, en las que frecuentemente agregábamos dibujos de ositos y monos peludos. Lo sé, éramos adorables. Todavía lo somos, sólo que ahora dormimos con otras personas.

Fue justo a principios de febrero del año pasado cuando ambos decidimos que el matrimonio no estaba funcionando. Pero debido a mi gran compasión, a mi comprensión, y a la culpa que compartíamos por querer permanecer en una relación tóxica mucho más tiempo de lo que debíamos, intenté desesperadamente continuar siendo amiga de mi futuro ex marido. Y como el Día de San Valentín fue acercándose rápidamente, a pesar de que ya estaba decidido que comenzaríamos con nuestra separación en cuestión de meses, decidimos continuar la gran tradición de nuestra cena de San Valentín. No nos tomamos de la mano esta vez, pero sí comimos un montón de tacos de carne, con una exquisita salsa de mole.

Recordando ese día, debo agregar que fue demasiado extraño. Yo llevaba un vestido rosa, muy sexy; brindamos por una vida agradable, ambos siendo amables y atentos el uno con el otro. La carne de venado también estuvo deliciosa. Honestamente, mi mente estaba en otra parte; específicamente pensaba en los perfiles en línea de chicos que había visto esa misma tarde. Ahora me doy cuenta de que yo solamente estaba sacando plática al azar, como si mi marido y yo nos acabáramos de conocer. Aun así, esto debió haber sido mucho mejor que haber pasado este día festivo sola, ¿no lo crees?

Mientras estaba sola

Un año entero pasó. Desde entonces he vivido con una de mis queridas amigas, quien me ha cuidado y guiado a través de la oscuridad. Ya he salido con 800 chicos de entre 42 y 23 años, y he tenido muy buen sexo, pero también sexo terrible, y recientemente me convertí en vegetariana; recibí una fantástica oferta de trabajo en una nueva ciudad, y regalé la mitad de mis pertenencias. Finalmente me mudé a Nueva York... y una vez más, el Día de San Valentín se acercó rápidamente. Sólo que esta vez yo estaba realmente, realmente, divorciada. Entonces, naturalmente, la gran pregunta era: ¿qué iba yo a hacer?

En ese momento yo no estaba saliendo con alguien; estaba en el proceso de relacionarme con chicos, y frustrada porque me daba cuenta de lo extraño que era tener 30 años y aún seguir utilizando el término "relacionarse". Mi último pretendiente ya había quedado descartado, pero esta sería mi solución: salir a cenar con mi gran amiga Katherine, ¡solamente nosotras dos! Ella es soltera, yo también, y ambas estamos en nuestros 30 años; íbamos a demostrarle al mundo cómo lo único que se necesita es tenerse la una a la otra.

Bueno, esta sería la solución. Sin embargo, ella desertó.

No me malinterpreten. Todavía amo a Katherine, ella es una amiga muy cercana, y definitivamente comprendo su situación. Ella tenía una de esas oportunidades que se dan solamente una vez en la vida: fue invitada a una subasta de arte en Christie's, y qué diablos, yo habría hecho lo mismo.

La noche de la verdad

La deserción de Katherine me dejó totalmente sola, y era demasiado tarde para hacer planes con alguien más. Era incluso demasiado tarde como para mentir y decir: "Yo había planeado pasar esta noche sola". Estaré sola, en el trabajo, y probablemente me quedaré allí hasta tarde.

Pero aquí es donde se pone bueno (sé que tomó un tiempo, pero todas las cosas buenas tarde o temprano les llegan a aquellos que se divorcian). En mi soledad, de pronto me di cuenta de cómo realmente me sentía. No, no era nada trágico, en absoluto. Me sentía muy bien. Que va, me sentía mejor que bien. De hecho estaba muy impresionada por cómo me sentía, y lo digo honestamente. Me sentía 800 veces mejor que el año anterior, cuando tuve que hablar y mirar a mi ex marido.

Fue entonces cuando caminé hacia el baño de la oficina, y observé que había un poco de niebla. Me sentí casi como si estuviera fuera de mi cuerpo. Después me miré al espejo y me di cuenta de que estaba completamente entusiasmada; era totalmente libre, de todo y de todos.

En ese momento me di cuenta de que la deserción de Katherine fue lo mejor que me pudo haber ocurrido esa noche. Creo que toda mujer recientemente divorciada debe pasar su primer Día de San Valentín sola. Para mí, esto me obligó a darme cuenta de que, divorciada o no, con o sin pareja durante el Día de San Valentín, yo estaría bien.

Camino a casa le compré un emparedado a un vendedor ambulante y me dirigí a la casa de piedra rojiza en la que vivo con dos mujeres que realmente no me conocen muy bien. Entré a mi pequeña habitación, la cual estaba parcialmente amueblada, y sentí alegría pura al ver lo vacía que estaba. Tomé un diario que he mantenido desde hace dos años en mi estante superior, y empecé a escribir una carta. "Recuerda", escribí. "Ser tu misma te llevará a donde tú quieras".

Es la mejor tarjeta del Día de San Valentín que he recibido.

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