Amores web

Una historia de amor que empezó en una sala de chat por Internet

Historia de amor cibernético

Cyber love story

Conoce la historia de Rubén y Liliana, una pareja de enamorados que vencieron la dista...

Check out the story of Ruben and Liliana, a couple in love who beat the distance and time.

Temp. Season 2013 | Epi. Ep. 130206 | 02/06/13 | 03:53  | TV-G
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Conoce la historia de Rubén y Liliana, una pareja de enamorados que vencieron la distancia y el tiempo.
Ep. 130206 | 02/06/13 | 03:53 Disponible hasta 02/06/13
Despierta América / Univision

El 'ciberamor'

 

En estos tiempos la tecnología no sólo define la forma en que nos comunicamos y hacemos más fáciles algunas tareas, también juega un papel muy importante en la formación de relaciones amorosas y afectivas en general

Actualmente el uso de redes sociales y sitios especializados en la búsqueda de pareja se ha extendido por todo lo ancho del globo terráqueo, algunas historias terminan en el altar y otras se pierden en el espacio cibernético.

No hace falta escatimar en gastos, porque casi no los hay. Los costos de la transacción en la fase de seducción, en el ciberespacio, son menores que cuando hay que recurrir a un café para conversar  o en un cine.

Rosa (nombre ficticio), editora española de 33 años radicada en Santiago de Chile, se ha dedicado más a dejarse conquistar que a “atacar” en la Red. Para ello esperaba a que fueran los hombres quienes le escribieran; miraba si le interesaban o no por la descripción que ponían en sus perfiles, por su edad y su pinta. Consciente de que estos datos no eran más que información superficial de lo que de verdad había detrás, Rosa se metió en el juego de la seducción virtual en varias ocasiones.

“Lo primero era hacerles contestar un cuestionario bastante divertido que creé para medir su sentido el humor –algo básico para mí– y para ver cómo escribían, esencial para una editora, y también para descartar posibles psicópatas”, comparte con Efe, Rosa.

Si alguno llamaba su atención positivamente y sus faltas ortográficas no le ocasionaban desmayos, intercambiaba una serie de mensajes mucho antes de dejarse convencer para un posible encuentro cara a cara.

En su caso, la única “relación” más duradera (siempre en Internet) fue con un hombre al que conoció a través de una página de contactos.  “Por ‘más duradera’ me refiero a recibir muchas llamadas de él siempre y varias invitaciones a cenar, esto hasta que se empeñó, como un loco psicópata, en que fuese a su casa “a ver una película” y corté de cuajo la comunicación porque no era alguien que me interesara para mantener relaciones sexuales”.

A la pregunta de si al conocer a la persona físicamente se cumplieron sus expectativas, la editora responde que se dio cuenta de que nada tenían que ver con las fotos de sus perfiles. “Esto me hacía desconfiar porque sentía que, de entrada, ya me habían mentido”.

Además, añade que si lo que se busca es una pareja para mantener relaciones sexuales, es la vía perfecta para no tener que salir demasiado escotada a la calle. “Yo me metí en páginas de contacto para socializar y salir un poco de casa, porque según mi experiencia las amistades en Chile son complicadas si eres una soltera treintañera que puede amenazar la supuesta estabilidad de los grupitos, cerrados y creados desde el colegio”, explica.

De la red al altar

María M. Sánchez, 31 años, cuenta su historia con mucha ternura. No es para menos, sucedió todo tal como lo había soñado. De profesión contadora, Sánchez vive hoy con su marido y su hijo de casi dos años en Buenos Aires, Argentina. Conoció a su actual pareja, fabricante en el sector textil, por Internet en agosto de 2007. Están esperando a su segundo hijo.

María narra a Efe cómo se inició el romance. “Nos contactamos mediante la página web “Sexy o no”. Entre muchas fotos, la única que yo elegí fue la de él. Los demás hombres que me buscaban no me atraían para nada. Una vez que cruzamos los datos, seguimos chateando a través del Messenger de Hotmail”.

Le llamaron la atención sus ojos, la mirada y la dulzura. Después de un intercambio intenso de mensajes todos los días y a todas horas, decidieron encontrarse en un bar de la capital argentina. Por precaución, María avisó a todos sus amigos. “Me daba miedo estar allí con un desconocido. Apenas llego no paró de mirarme. La cita duró cinco horas y terminó con un beso inolvidable. Me llevó a mi casa, me dejó en la puerta y a los cinco minutos me llamó por teléfono y me dijo ‘yo te dije que no iba a poder dejar de pensar en vos’”.

A los seis meses de esta declaración de amor, estaban viviendo juntos. Hace dos meses se casaron en una ceremonia mixta “llena de magia y de amor, como nuestra relación. Convivimos con mucha armonía y así lo vivimos también en nuestro casamiento”, confiesa la joven.

Amor maduro

El amor por Internet no entiende de edades. Prueba de ello es Alcira, terapeuta de terapias alternativas de 63 años y también argentina, que conoció a su media naranja por este medio hace ya diez años.

En el 2001, Alcira, para seguir en contacto con su hija, de viaje por Estados Unidos, aprendió a usar la computadora y se metió en una sala de encuentros  por el mundo”. En el chat se topó por casualidad con Óscar. Y así, sin conocerse, se escribieron durante más de diez meses. En ese entonces ella vivía en México; él en Argentina. “Nos conocimos personalmente en un viaje que yo hice a mi país”.

El 24 de diciembre de ese año se comprometieron en Playa del Carmen, México, para comenzar a vivir la vida juntos.

Alcira confiesa que pasados unos meses chateando con Óscar, empezó a ver en él a un amigo. “Nos contábamos cosas de nuestras vidas, sin interés alguno, sólo era curiosidad. Al conocernos personalmente éramos tan conocidos desde adentro y nada por fuera, todo lo contrario a lo que sucede normalmente. Era la persona tal cual como la había imaginado. Al separarme de él sentí mucha tristeza así que cuando él viajó a México comenzó nuestro romance. Hasta hoy”.

La terapeuta afirma que siempre admiró su entrega, su preocupación por ella, por su día a día, su amor tan grande. Aún son felices y asegura que no se equivocaron. “Compartimos nuestras vidas tranquilos, con amor, alegría, en armonía y en este amor están incluidos nuestros hijos. Somos una linda familia”.

Y concluye que con el tiempo su historia se convirtió en “un amor como siempre soñé tener pero que en realidad no busqué”.