Amor, tolerancia, perdón y algo más...

Amor, tolerancia perdón y algo más...

El ex presidente Bill Clinton y su esposa Hillary, vivieron momentos difíciles que lograron superar. - EFE

Lo cierto es que las personas que pasan por la vicaría se casan enamoradas, aunque la mitad se divorcien más tarde. Por ello, el psicólogo David Niven asegura que la capacidad de perdurar en el amor depende de nuestra habilidad para manejar las discrepancias y discutir los problemas cotidianos y nos da hasta cien consejos para ser felices en pareja como científico social y docente de la Florida Atlantic University, galardonado por sus investigaciones sobre este tema por la Universidad de Harvard y la Ohio State Universit, en Estados Unidos (EU).

“La gente tiene que entender que el amor considerado y el conflicto bien manejado son dos lados de la misma moneda porque amar con propiedad construye las reservas de cariño para ayudar a las parejas en los momentos difíciles, pero saber discutir evita que estas reservas se acaben”, remacha Terrance Olson, profesor de la escuela de Vida Familiar de la Universidad de Brighamyoung, en Yuta, (EU), que ha dedicado su vida también al estudio de los conflictos de las parejas. A veces, todos decidimos aparcar los problemas para no generar más tensiones, pero lo cierto es que el tiempo se vuelve en nuestra contra y el conflicto se engrandece y resulta aún más difícil de resolver. El profesor Olson, conciente de la situación, creó un protocolo matrimonial con cuestionarios sobre relaciones de pareja para detectar los terrenos sensibles y con lecciones que enseñan, paso a paso, cómo hablar cuando hay desacuerdos.

En un trabajo de campo realizado durante cinco años, se demostró que las parejas que siguieron las lecciones de comunicación y resolución de conflictos del programa disminuyeron en dos terceras partes el riesgo de divorcio y que las parejas casadas que nunca discuten tienen un 35 más de posibilidades de divorciarse en cuatro años que aquellas que tienen desacuerdos con frecuencia. Y, ojo al dato, el profesor Olson puede predecir en su cuestionario, con un 85 por ciento de precisión, qué parejas a las puertas del altar van a divorciarse antes de los tres años.

El profesor cita el ejemplo de Laura, una mujer que siempre eludía los conflictos, en su primer matrimonio porque siempre habían de terminar con vencedor/a y vencido/a acudió con su nueva pareja, David, a una terapia para solucionar conflictos.

“David me ha enseñado que existe otra alternativa, además de las grandes discusiones, y cuando nota que me encierro en mí misma, me insta a hablar y nos ayudamos mutuamente a no salirnos de nuestras casillas, ya sea con el dinero, la religión o lo que sea”, asegura Laura.

Pero está claro que no se puede estar de acuerdo en todo y, superado el bloqueo inicial, nada mejor que establecer un método para las discusiones porque los miembros de la pareja pueden tener una idea diferente de cómo se maneja el conflicto, ya que algunos lo abordan de inmediato, otros hacen comentarios indirectos sin ponerlo sobre el tapete y otros tratan de evadir el hecho que lo originó.

En este sentido, el psicólogo Niven propone que cada persona “prepare con su pareja el terreno para sus discusiones, que decidan cómo ventilar los problemas y sintonícense, para que ambos puedan participar”.

El amor de pareja no es independiente del amor filial o fraternal, y los hechos constatan que sentirse querido y saber que uno es merecedor de ese amor no sólo es necesario para mantener cualquier relación de pareja, sino que fortalece el amor de la familia o de los amigos en un 22 por ciento, asegura este psicólogo.

Los estudios demuestran también que las parejas competitivas resultan realmente tóxicas ya que tiene un 37 por ciento menos de posibilidades de sentir que su relación es satisfactoria y se privan del verdadero premio: la compenetración en el amor y la ilusión de situar a su compañero/a en el primer lugar de la cartelera.

“Voy a trabajar duro por esta relación y voy a dar todo de mi”. Muchos hemos oído e incluso pronunciado esta frase al enamorarnos locamente, pero lo que ignorábamos es que esta técnica no es la fórmula de éxito, sino que incluso puede ser fuente de frustración y dolor cuando nuestros esfuerzos no se ven recompensados con una mejor relación.

“Trabaje por su relación con lógica y con la razón, no con el máximo esfuerzo, sino con objetivos claros tendentes a nuestra propia felicidad y al bienestar de nuestra relación, ya que se ha demostrado que las personas que se esfuerzan al máximo tienen el 33 por ciento menos de posibilidades de ser felices que quienes reconocen esforzarse hasta cierto punto para mejorar la relación”, asegura Niven.

No podemos renegar de la humanidad por una relación amorosa fallida porque en nuestra actitud frente a las dificultades está el secreto para avanzar y triunfar en la siguiente batalla amorosa.

Niven nos comenta el caso de Elena, una joven con diez años de estancia en Nueva York y con una relación tan seria con su novio como para decidir, por fin, dejarle las llaves de su apartamento. “Se llevó mis joyas y mi equipo de fotografía en mi propio coche, ya que en casa estaban también mis llaves y unas localidades de butaca excelentes para un concierto de rock en el Madison Square Garden, en donde le detuvo la policía sentado en mis sillas con otra mujer”.

Elena no se dio por vencida ni se desanimó con esta experiencia, sino que “me lo tomé con sentido del humor, adopté una actitud positiva, no dejé que me perturbara en absoluto y seguí saliendo y conociendo gente”. Y es que, como dice Niven, al estudiar un grupo de personas durante varias décadas, la capacidad de encontrar una relación feliz no tiene que ver con la edad, sino con la actitud de la persona frente a las experiencias, aunque sean frustrantes.

Y, en resumidas cuentas, las investigaciones actuales no difieren tanto de los consejos que dos docenas de matrimonios de la tercera edad con más de treinta años juntos le dieron al psicólogo tras una charla:

Administración del tiempo: parte del tiempo juntos y el resto separados

Tener paciencia, comunicación y compromiso

Hablar sobre todos los temas que surjan

Ser generoso

Tener un sólido sentido ético respecto al trabajo, sentido del humor y amor a la familia

Decir “lo siento”, “gracias” y “se me olvidó”

Respetarse mutuamente

Disfrutar de la compañía del otro

Trabajar juntos por la bondad, la verdad y la belleza

Respetar la integridad y las diferencias del otro

Mostrar su aprecio por el otro

No olvidar aquello de “en la enfermedad y en la salud”

Desearse siempre las buenas noches, aunque estén molestos ese día

Los ancianos sabios afirman que “el amor y la convivencia requiere esfuerzo, no es fácil, pero cualquiera puede hacerlo”.