La carne es débil

Aunque ganan popularidad en Estados Unidos, los juramentos de virginidad solo han logrado multiplicar el número de jóvenes que mienten como bellacos. Según un estudio del departamento de salud de la Universidad de Harvard, el 73 por ciento de los chicos que juraron llegar vírgenes al matrimonio luego se tentaron y olvidaron la promesa. Y no sólo la olvidaron, sino que negaron haber tomado alguna vez estos románticos votos.

Pero esto no es todo. Los hay que hacen juramentos a sus parejas, pero tienen un pasado cargadito de sexo y lo ocultan. Es decir, juran guardar su virginidad para el amado con el que se casarán, sin mencionar que el tesoro que entregarán hace rato que fue disfrutado por amantes anteriores.

Para llegar a estas conclusiones, la investigadora de Harvard Janet Rosenbaum analizó los datos de 13.568 adolescentes, que participaron en una encuesta realizada por el Instituto Nacional de la Salud de los Niños y el Desarrollo Humano (National Institute of Child Health and Human Development) referido a los juramentos de virginidad.

Rosenbaum comparó las encuestas de dos años diferentes y descubrió que, muchos de los que un año dijeron haber hecho juramentos, cedieron a la tentación y al siguiente lo negaron. O que aquellos que confesaban haber tenido sexo, al año siguiente prometían llegar vírgenes al matrimonio a sus parejas nuevas.

El grupo cristiano Concerned Women of America asegura que los juramentos son muy útiles. Según un estudio publicado por esta asociación, los adolescentes que hacen esta promesa retrasan más su debut sexual. "Los juramentos funcionan y marcan una diferencia", dice Jimmy Hester, presidente del movimiento True Love Waits (El verdadero amor espera).

Pero retrasar no es cumplir. La experta en sexo y relaciones de pareja April Massini asegura que el juramento está bien, pero exige disciplina, convicción, carácter y fortaleza. "Con estas cuatro virtudes se puede cumplir cualquier promesa"; afirma Massini, autora del libro "Piensa y liga como un hombre" (Think and date like a man).

"Uno de los problemas que deben enfrentar los jóvenes que hacen juramentos de virginidad es que viven en una cultura sexualizada", explica Massini. "Las publicidades venden sexo, los padres abdican en su responsabilidad de disciplinar y guiar a sus hijos y los líderes escolares y comunitarios miran para otro lado. Los chicos no tienen modelos a seguir, y así es más difícil para ellos cumplir con el juramento".

La sexóloga Hayley DiMarco, autora de "Sexy Girls - How Hot is Too Hot"? (Chicas sexy, ¿qué tan caliente es demasiado caliente?), dice que los jóvenes no solo niegan sus juramentos, sino que a veces creen que los cumplen porque definen el sexo como una sola cosa. Es decir, creen que sin penetración no hay sexo.

"El juramento falla cuando los adolescentes definen al sexo como una sola cosa. Si fueran más honestos en su concepción e incluyeran otras prácticas –unas cinco o seis cosas que se pueden hacer además de la penetración- la cosa cambiaria", dice. El juramento, asegura, es una sola cosa. Y sólo hay dos posibilidades: cumplirlo o no. No existe el más o menos, el sí pero este año soy virgen o el juro pero me arrepiento. Sin embargo, los chicos se inclina a practicar todas las modalidades incluidas en el cumplo, pero no tanto.

El juramento de virginidad es una práctica promovida por varios grupos religiosos y sociales, liderados por la agrupación True Love Waits, que asegura que el amor de verdad no tiene urgencias a la hora de practicar el sexo. Muchos jóvenes adhieren a esta creencia, pero el estudio de Harvard demuestra que les resulta difícil coordinar lo que dicen con lo que hacen.

Aunque los chicos retrasan su debut gracias a este juramento, difícilmente llegan puros hasta el altar, tal como se lo propusieron. Tan frustrante debe resultar el prometer y no cumplir, que los jóvenes prefieren…olvidarse de que prometieron o directamente negarlo.

El estudio muestra que el 52 por ciento de los que un año prometieron mantener la pureza hasta el matrimonio se desdijeron al otro año. Es decir, no pudieron mantener su parecer ni 365 días. El 73 por ciento de los que hicieron los votos pero a los pocos meses tuvieron encuentros en la cama, directamente negaron haber hecho el juramento y le echaron la culpa a un error en la encuesta. ¿Quién yo? Yo nunca juré nada. La mala noticia es que sus promesas quedaron registradas en papel.

Esto no es todo. La tercera parte de los que participaron en la encuesta confesaron que habían tenido relaciones sexuales, más tarde hicieron votos de castidad como si nada, como si nadie hubiera siquiera rozado sus cuerpos. Simplemente se convirtieron en cristianos renacidos o dijeron sin ponerse colorados que lo que decía de ellos la encuesta del año anterior estaba equivocado. Alguien debió tomar mal las notas…

En fin. La conclusión es que, a la hora de decir la verdad sobre la vida sexual, son más sinceros quienes no prometieron nada que quienes tienen la intención de guardar su cuerpo para el amor de sus vidas. Y que ningún juramento puede reemplazar la educación sexual que los chicos reciben en casa.