Lápices ergonómicos y atractivos

Lápices adaptados

La empresa Stabilo inventó este lápiz ergonómico, disponible para diestros y otro para zurdos. - EFE

El lápiz, la herramienta más barata para escribir y dibujar,

inseparable de comerciantes, profesionales, artistas y estudiantes, ya

se aproxima a los dos siglos y medio de existencia.

Los primeros lápices rudimentarios se fabricaron en Inglaterra, con el

grafito extraído de las minas de Borrowdale, condado de Cumberland,

descubierta hacia 1564.

No obstante, su “presentación en sociedad” se produjo en 1761, hace

casi 250 años, cuando el carpintero alemán Kaspar Faber, dio a conocer

su primer y sencillo “tarugo de plomo”, sentando las bases de la actual

casa Faber-Castell, en Alemania.

Aquel artesano denominaba “plomo” al grafito, un mineral de color negro

agrisado, graso al tacto y sumamente blando, con el cual se fabricaron

las primeras minas para escribir.

Desde entonces, los lápices se difundieron por todos los rincones del

mundo hasta llegar a convertirse en los huéspedes cotidianos de

millones de bolsillos, escritorios y mesas de dibujo y estudio, y uno

de los mayores instrumentos para difundir la cultura y la educación.De todos colores

Ahora se fabrican con grafito y arcilla, los negros; o caolín

pigmentado, los de colores; y se recubren de distintas maderas: tilo,

picea, cedro, enebro, tuya… Los hay de distintas formas (planos,

cilíndricos, prismáticos) durezas y usos: desde litográficos y

copiativos hasta los “especiales” que dejan su huella en la cerámica,

el vidrio y distintos materiales.

Lejos de permanecer estancado, el lápiz sigue evolucionando. Uno de los

últimos exponentes de esta renovación son los modelos que se adaptan a

la mano de los niños, ya sean zurdos o diestros, que están aprendiendo

a escribir.

Dibujar las primeras letras y los primeros números es para los pequeños

un ejercicio emocionante, un gran paso que les acerca más al mundo de

los mayores. En las primeras etapas del aprendizaje, conseguir que los

niños se diviertan es muy importante para su motivación.

Una adecuada sujeción del lápiz resulta clave cuando se empieza a

aprender a escribir, porque para los pequeños resulta más cómodo,

facilitando así una buena caligrafía.

Además, divertirse mientras se aprende también depende de las ganas de escribir, de la motivación, del apoyo adecuado que se ejerce sobre el lápiz y, por supuesto, del uso de un instrumento adecuado. Un estudio de la Universidad Tecnológica de Darmstadt, en Alemania, ha demostrado que una sujeción correcta del lápiz favorece el rendimiento escolar, evita el cansancio prematuro, el estrés y las dificultades en el aprendizaje, y además crea un hábito positivo que acompañará al niño durante toda su vida.Basándose en ésta y otras investigaciones, la empresa Stabilo ha desarrollado un lápiz ergonómico disponible, por primera vez, en dos modelos distintos, uno para diestros y otro para zurdos, porque éstos sujetan el lápiz de manera muy distinta a los que utilizan la mano derecha y necesitan su propio modelo. El agarre correctoSegún los investigadores de la compañía, un instrumento de escritura para los niños que están aprendiendo a escribir debe estar diseñado para conseguir una escritura limpia, clara y sin manchas. Además, la fuerza con la que se sujeta el lápiz debe ser mínima para no producir el cansancio del brazo y de la manoEl lápiz “move easy ergo”, de mina gruesa, recargable, con portaminas y portanombres y en colores, azul y rosa, está recomendado por los expertos en ergonomía y diseño de lápices, porque gracias a su zona de sujeción moldeada facilita el agarre correcto de los dedos y define cómo se tiene que agarrar el lápiz, creando un buen hábito de escritura. Por otra parte, los expertos señalan que la ligereza de este lápiz reduce la fuerza de sujeción proporcionando una escritura más cómoda. Todo ello proporciona una letra más legible y bonita, y contribuye a una mayor motivación a la hora de escribir. El carpintero alemán Kaspar Faber seguramente nunca imaginó la elegancia y sofisticación que alcanzaría su humilde invención.