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Niños enamorados de sus padres

Niños enamorados de sus padres

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Niurka

FOTO Niurka en su faceta de mamá

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Edith Gonzalez

FOTO La ternura maternal de Edith González

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Por: Carola Sixto

Univision.com

Edades críticas

Nada mejor para una madre que su hijo le diga que está linda. Nada mejor para un hijo que su madre le demuestre permanentemente que ella es “la novia de papá”.

De esto se trata, más o menos, el Complejo de Edipo, un término acuñado por Sigmund Freud, que se refiere a una etapa fundamental del desarrollo psicosexual del niño, que experimenta intensos sentimientos de amor, odio, miedo y celos hacia el padre del sexo opuesto.

Según el padre de la psicología, estos sentimientos se terminan cuando el niño se identifica con el padre y aprende a reprimir sus instintos sexuales.

“Alrededor de los seis o siete años, los chicos tienden a querer tener una relación más cercana con el padre del sexo opuesto, quien intenta protegerlo cada vez que el mundo parece demasiado peligroso.

En el caso de los varones, a medida que van aprendiendo nuevas habilidades e incrementan su confianza, ya no necesitan tanta protección de parte de la madre, al mismo tiempo que comienzan a reflejarse más con el rol del padre”, explicó Robert Field, Ph.D., especialista en psicología infantil.

El Complejo de Edipo vuelve a aparecer cuando comienza la pubertad. Nuevamente, la natural transición de desarrollo, esta vez de niño a adolescente, precipita la necesidad de seguridad y acercamiento. Para el especialista, en esta etapa es muy importante que la madre establezca límites sexuales con su hijo: “Si la madre no lo hace, pueden desencadenarse severas consecuencias patológicas, ya que su hijo está en pleno proceso de descubrimiento sexual”.

Señales de alerta

Especialmente en las familias menos conservadoras, ciertas costumbres podrían tener como consecuencia que el niño se quede “fijado” en la etapa del desarrollo, lo que podría provocarle serios problemas en su vida adulta.

Un ejemplo bastante común es cuando el niño duerme en medio de los padres. De esta manera, el niño pareciera “competir” con su padre del sexo opuesto, cuando debería entender que “la cama es territorio de mamá y papá”.

Otro ejemplo son las caricias que se prodigan algunos padres. En la etapa en que empiezan a interesarse por el cuerpo del sexo opuesto, algunos chicos sienten deseos de “tocar” a sus padres, ya sea los genitales, en el caso de los padres, y los pechos, en el caso de las madres. Si bien es cierto que los padres tenemos la obligación de dar la información necesaria a nuestros hijos, el camino correcto para enseñar el cuerpo humano no es precisamente mostrando el cuerpo propio.

Un buen libro con imágenes apropiadas para cada edad, ilustrará adecuadamente las diferentes partes, sin suscitar sentimientos ambiguos, tanto en el hijo como el padre.

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