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¿Alguna vez te has sentido excluido?

Como el patito feo del famoso cuento infantil der Hans Christian Andersen. Como el sapo de otro charco o un pez fuera del agua a los que alude la sabiduría popular. Así se sienten muchas personas que se consideran, o se perciben a sí mismas, excluidas de un determinado grupo social, con o sin una razón verdadera que lo justifique.
La necesidad de permanecer en conexión con otras personas es tan potente en los seres humanos que, incluso ser ignorada por un desconocido, puede hacer que una persona se sienta excluida y experimente malestar, de acuerdo a una investigación reciente, realizada en la Universidad de Purdue, en Indiana.
Los investigadores señalan que, para sentirnos felices necesitamos sentir que formamos parte de un grupo o que estamos conectados con los demás, y esa sensación de pertenencia puede provenir de inscribirse en un club, de relacionarse con un vecino amistoso o de mantener el contacto visual con un desconocido.
Los investigadores señalan que algunas investigaciones demostraron que las personas pueden sentirse excluidas, incluso cuando se les aparta de un grupo al que ellas mismas condenan.
El sentimiento de exclusión es un estado que se repite de forma continuada en diferentes situaciones de la vida de las personas afectadas y que puede llegar a desencadenar una gran frustración y tristeza, invadiendo, estos efectos, todas las relaciones del individuo», explica la psicoanalista Magdalena Salamanca Gallego.
Según esta psicoterapeuta, la angustia, la ansiedad, el sentimiento de soledad, el miedo, el rechazo, el aislamiento son algunas de las manifestaciones más comunes del sentirse excluido.
El sentimiento de exclusión acontece comúnmente en personas con tendencias celosas. Aunque se produzca en una relación de dos personas, este sentimiento acontece frente a la presencia de un tercero.
Para que acontezcan los celos, son necesarios tres. En una relación idílica entre dos personas es frente a la presencia del tercero cuando surgen los celos. En este caso, como en el anterior, no es necesario ni que ese tercero exista físicamente, con que uno de los dos lo nombre o lo desee es suficiente, señala Salamanca.
Ser ignorado ‘en línea’, a través de Internet, provoca en el excluido el mismo malestar que cuando acontece en persona, cara a cara. Lo concluye un estudio reciente de la Universidad Estatal de Pensilvania que ha observado el impacto emocional de ser excluido de una red social, como por ejemplo Facebook, en comparación de una exclusión persona a persona.
El hombre es un ser social. Un animal que quiere ser aceptado por la manada. Ese instinto por formar parte del grupo se puede trasladar también a los equipos de trabajo. Está demostrado, sobre todo a través de la publicidad y del consumo, que las personas imitamos lo que hacen los demás, señala el psicólogo Jaume Guinot.
Los humanos solemos dejarnos llevar por los demás, por aquellos que consideramos mejor informados. Hay incluso investigaciones que demuestran que, en un grupo, se sigue a los que parece que saben dónde van, concluyó el psicólogo.

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