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Padres con “fiebrefobia”

El miedo de los padres a la fiebre surge por falta de información y la creencia de que puede ser muy perjudicial y causarle convulsiones a su hijo. Te damos algunos consejos sobre qué hacer y evitar cuando aumenta la temperatura corporal del niño.
Un informe de la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) recuerda a los padres que la fiebre es la respuesta natural del cuerpo contra la enfermedad, que reducirla podría en realidad prolongar una dolencia y, en general, sólo hay que tratarla si ésta hace que el niño se sienta incómodo.
La fiebre "hace que los gérmenes vayan más lentos y ayuda a deshacerse de ellos. Si se baja la fiebre, quizá el niño no produzca tantos glóbulos blancos para combatir la infección", explica la doctora Janice Sullivan, profesora del Hospital Pediátrico Kosair, en Kentucky.
“Es más importante conocer el origen de la fiebre y el estado del pequeño, que la temperatura en sí”, según el doctor Francisco Hijano, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), quien agrega que las convulsiones "sólo se presentan en 4 de cada 100 casos”.
A medida que va aumentando la fiebre de un recién nacido o un niño de pocos meses o años de edad, también se van elevando el temor y el nerviosismo de muchos padres ante los posibles daños que pueda sufrir su hijo.
Para los pediatras, ante un cuadro febril siempre está justificada la precaución, pero en ningún caso la alarma exagerada. La información puede ser un arma tan eficaz como los fármacos antitérmicos, si ambos son los adecuados y se utilizan bien, rematan los médicos.
En la actividad diaria la fiebre es uno de los motivos frecuentes de consulta para los pediatras. Sin embargo, para los especialistas de la AEPap “es más importante conocer el origen de la fiebre y el estado del niño, que la temperatura en sí”.
En este sentido, el doctor Ramón Ugarte, pediatra del Centro de Salud Olaguibel, de Vitoria, refiere que “los antitérmicos (medicamentos para bajar la fiebre), prescritos frecuentemente, no son tan eficaces como se cree y pueden suponer un gasto energético injustificado en niños pequeños”.
Para los pediatras de AEP, es clave que los padres reciban educación sobre qué es la fiebre y cómo hay que tratarla. El doctor Ugarte aconseja “hablar a las familias de la necesidad eventual de analgésicos y no de antipiréticos o antitérmicos” y añade que, “debe tratarse el dolor o las molestias que causan la fiebre y no la fiebre en sí misma”.
Aunque no está incluida en los manuales de psiquiatría o medicina, la ‘fiebrefobia’ o miedo irracional a la fiebre, según los pediatras no es un fenómeno nuevo y afecta a numerosos padres, sobre todo durante la temporada fría del año, cuando arrecian la gripe, las anginas, los catarros y las neumonías.
Ante la más mínima subida de la temperatura corporal infantil, los padres nerviosos experimentan una angustia injustificada por el estado de salud de sus hijos, sienten la necesidad de acudir inmediatamente a un servicio de urgencias o al pediatra y suelen administrarle medicación innecesariamente.
Según la doctora Amalia Arce, autora del blog 'Diario de una mamá pediatra', ante la fiebre lo importante "son los otros síntomas y cómo se encuentra el niño; si sigue jugando, los padres pueden estar más tranquilos que si se encuentra apagado”. Según estos expertos, si hace falta recurrir a la medicación para bajar la temperatura del niño, hay que administrarle paracetamol o ibuprofeno según las dosis recomendadas por el pediatra.
Un informe de la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) recuerda a los padres que la fiebre por lo general es sólo la respuesta natural del cuerpo contra la enfermedad, que reducirla podría en realidad prolongar una dolencia, y en general, sólo hay que tratarla si ésta hace que el niño se sienta incómodo.
"A veces, los padres creen que si tratan la fiebre el niño mejorará antes, pero la fiebre es una señal de enfermedad y la forma que tiene el organismo de hacer que los gérmenes vayan más lento y ayudar a deshacerse de ellos. Si usted baja la fiebre, tal vez el niño no produzca tantos glóbulos blancos para combatir la infección", ha explicado.
El informe de la AAP sugiere que en lugar de enfocarse en la cifra del termómetro, los padres deben dejarse guiar por la conducta del niño para darle o no fármacos antipiréticos.
La AAP recomienda precaución al administrar estos productos ya que pueden ocurrir sobredosis graves, y la doctora Sullivan agrega que, durante las visitas pediátricas de rutina, los padres deben conversar con el especialista sobre qué hacer cuando un niño enferme y pedir consejo sobre cuándo llamar al médico.
Los padres deben llamar al doctor de su hijo si un bebé de menos de tres meses tiene 38 ºC o más de fiebre; si un bebé de entre tres y seis meses tiene 38 ºC o más de temperatura; si un niño mayor tiene una fiebre de 39.4 C o más, y si cualquier pequeño tiene alta temperatura acompañada de letargo, dolor de cabeza, sarpullido, problemas para respirar o deshidratación, según Sullivan.

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