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Cómo responder a las preguntas incómodas de los hijos

Preguntas incómodas de los hijos

Preguntas incómodas de los hijos

- Thinkstock LLC/Picture Quest

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‘La edad del por qué’

 

A determinadas edades, la curiosidad de los niños es insaciable e inagotable, por lo que bombardean a sus padres con todo tipo de “por qué”, “qué” “dónde”, “quién”, “cuándo” y “cómo” y preguntas que abarcan diversos asuntos, desde al origen de los niños, la muerte o la oscuridad, pasando las diferencias entre las personas, los desconocidos y las conductas de mamá y papá.

Cuando las escuchan, los mayores se plantean a sí mismos otros interrogantes acuciantes: ¿Cómo debo responder a las preguntas de los niños?, ¿Hay que decirles la verdad o inventarse una respuesta usando la fantasía? ¿Es obligatorio contestarles en ese momento o puede dejarse para otra ocasión? ¿Qué hay que hacer si uno ignora la respuesta o alberga dudas sobre ese tema?

Una encuesta realizada entre 2 mil padres británicos con hijos de entre 5 y 16 años de edad,  ha indagado cuáles son las diez preguntas más temidas por los progenitores y han descubierto que la lista está encabezada por: ¿Cuál es la razón de qué la Luna se vea algunas veces durante el día?

Las siguientes preguntas más conflictivas para los padres, porque no saben cómo responderlas, son:

- ¿Por qué es el cielo azul?

- ¿Descubriremos alguna vez vida extraterrestre?

- ¿Cuánto pesa la Tierra?

- ¿Cómo permanecen los aviones en el aire?

- ¿Por qué el agua está mojada?

- ¿Cómo hago una división larga?

- ¿Dónde se van los pájaros y las abejas en invierno?

- ¿Qué forma el arcoiris?

- ¿Por qué hay diferentes zonas horarias en la tierra?

Muchos de los progenitores entrevistados durante la Feria del Big Bang de Jóvenes Científicos e Ingenieros, organizada en Birmingham, Reino Unido, expresaron su deseo de haberse interesado más por las matemáticas y la ciencia en el colegio.

Los investigadores comprobaron que el 26 por ciento de los padres piensa que sus hijos tienen más conocimientos que ellos sobre matemáticas y ciencias, y más de la mitad de los padres no pueden responder a las preguntas de sus hijos de forma correcta, lo que les produce frustración y vergüenza.

Un tercio de los padres británicos encuentran dificultades para responder a diario a las preguntas de ciencia y tecnología que les plantean sus hijos, y el mismo porcentaje de ellos investiga activamente para encontrar las respuestas, aunque muchos admiten que se inventan las respuestas o desvían la pregunta hacia su pareja, según el sondeo para la Feria del Big Bang.

‘La edad del por qué’

Según la psicóloga clínica María Hidalgo, “los pequeños realizan preguntas a sus padres porque sienten curiosidad e interés por el mundo a su alrededor,  para comprobar si les responden lo que ellos se imaginaban o confirmar sus fantasías acerca de determinados asuntos, e incluso para comprobar si les dicen ciertas cosas (que los niños ya conocen)”.

“Cuando los hijos notan o intuyen que hay determinados temas de los que no es correcto preguntar o que incomodan a sus mayores, procuran utilizar rodeos para ir acercándose, poco a poco, a la cuestión que quieren indagar", agrega la experta, que explica que los interrogantes infantiles cambian según la edad del niño.

“Cuando tienen unos 18 meses suelen preguntar ¿qué es? cada una de las cosas de su alrededor; a los tres años se interesan por las finalidades de los animales, las máquinas, la naturaleza, el cuerpo y los fenómenos;  después entran en ‘la edad del por qué’, ya que esa es la pregunta que más realizan, haciendo gala de una curiosidad inagotable”, dice la psicóloga.

Para Hidalgo, “los progenitores han de hacer sentir al niño que se interesan por sus preocupaciones y evitar recriminarle por su curiosidad. Tampoco conviene dejar de responder cuando los hijos preguntan sobre un tema tabú, porque eso puede confundir al niño, fomentar su desconfianza hacia los padres y provocarle una decepción al enterarse de la verdad”.

Esta psicóloga aconseja “no rehuir a las pregunta y responderlas con franqueza, aunque adecuando la respuesta a la edad del niño y a su capacidad de comprender, todo ello sin olvidar que, más tarde o temprano, el menor se informará sobre estas cuestiones en diversas fuentes, y lo contrastará con lo dicho por sus padres”.

“Si el niño pregunta sobre temas difíciles de explicar para los adultos, han de dejar de lado las actitudes evasivas o engañosas porque  conducirían a que el pequeño se forme ideas erróneas, y puede ser nocivo para su desarrollo”, según María Hidalgo.

Según la psicóloga infantil británica Miriam Stoppard, autora del libro ‘Las preguntas difíciles que hacen los niños’, "los padres que se muestran abiertos al diálogo facilitan el acercamiento a las cuestiones raciales, religiosas o sexuales, mejoran la autoestima, el equilibrio y la relación entre ellos".

A los pequeños “tener información les da la posibilidad de pensar las cosas, tomar las decisiones correctas, decidir y actuar con responsabilidad”, explica esta experta en educación y salud infantil, que ha investigado las respuestas adecuadas a las preguntas difíciles que suelen formular los niños a sus padres, entre los 2 y 11 años de edad.

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