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¿Sabes si eres buena oyente?
A veces no nos damos cuenta si sabemos escuchar, no solo es procesar palabras, si no entender y comprender lo que otra persona nos dice.
- Thinkstock LLC/Picture Quest
Descubre tus habilidades
Escuchar no es solo procesar las palabras y su significado con atención, sino abrir el corazón al otro, estimular el diálogo franco de modo activo y lograr que la interlocutora se sienta apreciada, comprendida y animada a expresar sus ideas y sentimientos.
Muchas personas se quejan de que cuando están con un familiar, amigo o conocido, parece que “hablan con la pared”, pero no analizan si ellos mismos saben escuchar a su interlocutor", señala la psicoterapeuta María Campos, experta en Programación Neurolingüística (PNL).
Para escapar del círculo vicioso del “yo no te escucho, tú no me entiendes”, Campos recomienda hacer un esfuerzo consciente y sostenido para evitar las interrupciones ya que, “además de molesto, interrumpir al otro es poco eficaz, porque hace que se pierda o desvíe el hilo de la charla”.
“Lo que más necesita quien sufre, es que le escuchen y acepten sus emociones y su llanto, que le permitan mostrarse débil y vulnerable si así se siente, que la acompañen y abracen en esos momentos”, opina la psicóloga clínica Lola Mayo, autora de “La Linterna Mágica. Hipnosis regresiva: aprende a equilibrar tu mundo emocional”.
En plena era de las telecomunicaciones instantáneas y globalizadas, muchas personas se quejan de que no se comunican bien con los demás, lamentan que no las entiendan. Suelen olvidar que la buena comunicación nunca es un monólogo: para que funcione ha de ser de ida y vuelta; para que nos escuchen, primero debemos saber escuchar.
Aunque parte de las deficiencias comunicativas provienen del ruido exterior que genera el constante bombardeo de mensajes e información al que estamos sometidos, nuestra conexión con los demás se ve interferida por un abundante “ruido interior”, del que somos totalmente responsable aunque nos pase inadvertido.
A veces las valoraciones críticas, juicios apresurados, comentarios automáticos, prejuicios negativos, falta de atención, necesidad excesiva de habla… Mezclados a toda prisa, dentro de la coctelera de las prisas cotidianas y la preocupación por la crisis económica, forman, con estos “ingredientes” forman un cóctel de sabor agridulce llamado “Mala escucha, peor comunicación”.
“El mal oyente reclama la atención de quien habla, piensa en lo que dirá, entre tanto, interrumpe para controlar la conversación y se aferra a sus propias opiniones, mientras que la buena oyente, además de entender lo que otros le dicen y quieren significar, logra que su interlocutor se sienta apreciada y animada a expresar lo que piensa y siente”.
Según la Psicoterapeuta, “la auténtica comunicación solo es posible desde el entendimiento, el respeto y la confianza en el otro. Escuchar con el corazón, el cuerpo y la mente es el mejor regalo que podemos hacer a una persona”.
A continuación te mostraremos un Breve Test para tener una idea de si somos buenos o malos oyentes:
1. ¿Escucho sin hablar aunque conozca el final de lo que me dicen?
2. ¿Escucho a mi interlocutor sin darle importancia a su aspecto?
3. ¿Suelo juzgar antes de que terminen de exponerme algo?
4. ¿Intento entender las entrelíneas de lo que oigo?
5. ¿Permito que el otro acabe de hablar sin interrumpirle en ningún momento?
6. ¿Trato de entender lo que me dicen y porqué?
7. ¿Me concentro en lo que me manifiestan ignorando el entorno?
8. ¿Miro a quien me habla a los ojos?
9. ¿Al dialogar dejo de hacer lo que estaba haciendo?
10. ¿Escucho con la misma atención a personas de diferente sexo o edad?
De acuerdo con María, para conocer la calidad de nuestra escucha hay que sumar las respuestas afirmativas.
- Menos de cinco significa que nuestra capacidad para atender es muy deficiente.
- De cinco a siete quiere decir que debemos prestar más atención.
- Más de siete significa que vamos por el buen camino pero hemos de mejorar”.
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