Los niños, ¿deben tomar mucha leche?

Los expertos lo recalcan y los estudios lo confirman: por muy familiarizados que estemos con ella, no debemos olvidarla, y aunque ya es sabido que es uno de los alimentos más completos, cada vez se descubren mejores razones para incluirla en la dieta de niños y adultos.

Un estudio de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, concluye que los niños que no beben leche de vaca presentan el doble de riesgo de padecer roturas óseas, frente a los que sí consumen este alimento.

Ingerir leche semidesnatada y enriquecida con ácidos grasos omega-3 y oleico y vitaminas B6, E y ácido fólico durante ocho semanas, reduce los triglicéridos en un 24 por ciento, así como los niveles de colesterol total, colesterol LDL, y homocisteína, factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular, según un trabajo de investigadores universitarios de Granada, en España.

Según otra investigación publicada en el Diario de la Asociación Dietética Americana (JADA, en inglés), beber tres vasos de leche al día estimula el fortalecimiento de los huesos y mejora el perfil nutritivo, al aumentar la ingestión de vitamina A, vitamina D, riboflavina, calcio y fósforo.

Estos y otros trabajos que se acaban de presentarse en congresos médicos y revistas especializadas, indican que la leche de vaca es mucho más que la principal fuente natural de calcio y de las proteínas y los aminoácidos esenciales para el funcionamiento del organismo. Además, se ha descubierto que contiene algunas sustancias que nos protegen contra una larga serie de males.

La leche de vaca no sólo fortalece y protege los huesos y dientes, sino que también ayuda al organismo a combatir las infecciones, aliviar el malestar estomacal que causan ciertos alimentos y fármacos, prevenir las caries, las úlceras pépticas, la bronquitis crónica y ciertos cánceres como el de colon, además de reducir la tensión arterial y el colesterol y aumenta la energía mental.

Según explica a EFE-Reportajes, el doctor Manuel Zamora, médico internista especializado en nutrición de una aseguradora privada líder, “es importante beber leche para compensar el efecto de numerosos alimentos que dificultan la absorción del calcio, desde el salvado, las nueces y los granos hasta los alimentos ricos en ácido oxálico, como las espinacas”.

Otra razón para su consumo regular es que escasean las comidas no lácteas ricas en calcio: “El salmón enlatado, las sardinas con huesos, el tofu ó queso de soja enriquecido con calcio, y el brécol, son algunas de las fuentes alternativas de este mineral, pero no contienen tanta cantidad como la leche”.

Esta bebida puede considerarse “un suplemento multivitamínico” porque cada taza aporta unos 300 miligramos de calcio, y muchas marcas llevan vitamina D, la cual ayuda a absorber el calcio.

La leche también contiene otros nutrientes importantes como la vitaminas A y B rivoflavina y los carotenos, así como dosis considerables de magnesio, fósforo, potasio y zinc.

Aunque –según el doctor Zamora- su contenido nutritivo y propiedades pueden variar de acuerdo al tipo de leche: “Las enteras son más nutritivas, pero también aportan más grasas, por lo cual son preferibles la desnatadas o semidesnatadas”.

La pasteurizadas, sometida a 72-78 grados centígrados durante unos segundos, mantiene casi intactos su sabor y propiedades originales hasta una semana, mientras que las esterilizadas, que reciben un tratamiento más largo y a más temperatura, se conservan 6 meses cerradas, y tres días abiertas, en la nevera.

La leche UHT, que se obtienen al calentar la leche a más de 140 grados, conservan casi todas sus propiedades durante hasta 4 meses sin frío y tres días en refrigeración, una vez abiertas.

Las enriquecidas reponen las vitaminas A, D, E y K que pierden durante el proceso de desnatado, e incorporan otras vitaminas diferentes, además de minerales. También se les adicionan desde compuestos como los ácidos grasos Omega 3, que protegen de los males cardiovasculares, hasta plantas medicinales, nutrimentos como la jalea real o dosis extra de calcio.

“Según la investigadora estadounidense Judith Wurtman, media taza de leche descremada o baja en grasa, estimula la energía mental, al incitar la producción de las sustancias químicas cerebrales como la dopamina o la norepinefrina, que nos inducen a pensar con mayor rapidez y precisión”, señala Zamora.

Sobre si la leche causa inflamación intestinal, varía según cada persona y muchas de las que sufren este trastorno pueden beber más leche de la que piensan: por ejemplo un vaso con el desayuno y otro con la cena.

El truco consiste en beberla con las comidas, lentamente y a sorbos. Tomar yogur sin grasa, durante el día, o minutos antes de tomar un producto lácteo, puede ayudar a reducir la intolerancia. Antes de abandonar la leche se puede intentar ir disminuyendo la cantidad que se consume hasta que desaparezcan los síntomas.

De todos modos, según Zamora, hay situaciones en que se desaconseja beber leche, por ejemplo “para combatir la acidez, ya si bien puede sentar bien cuando baja, después puede empeorar el problema, ya que sus grasas, proteínas y calcio, pueden estimular la secreción de ácidos estomacales”.

La teoría de que beber un vaso de leche templada antes de acostarse induce el sueño, al actuar como un sedante suave también parece ser errónea, ya que por el contrario esta bebida estimula algunas sustancias químicas del cerebro.

Algunos expertos, afines a las corrientes naturistas, van más allá y desaconsejan tomar este alimento por que es un producto animal que perjudica al cuerpo humano, el cual –según ellos- está "diseñado" para alimentarse con sustancias vegetales.

También afirman que su aporte de calcio es relativo, porque al ingerir leche ingerimos más proteínas, las cuales inducen la excreción del mineral en la orina, con lo cual su beneficio es menor.

El doctor Santiago de la Rosa, presidente de la Comisión de Medicina Naturista del Colegio de Médicos de Madrid, remite a EFE-Reportajes, a los trabajos de la bioquímica Olga Cuevas Fernández, autora del libro “El equilibrio a través de la alimentación”, que es aún más drástica al hablar de “la otra cara de la leche de vaca”.

Según esta investigadora, “dos de las proteínas de la leche, la caseína y la gammaglobulina bovina, son altamente inmunogénicas, lo que quiere decir que plantean una fuerte demanda sobre el sistema inmunitario para producir grandes cantidades de anticuerpos y complementos”.

En condiciones ideales, las proteínas de la leche no digeridas o no descompuestas y otros antígenos de los alimentos, son retenidos en el intestino y expulsados junto con la materia fecal.

“Pero en las personas con deficiencias inmunológicas, las proteínas difíciles de digerir como la caseína, son absorbidas en el flujo sanguíneo y contribuyen al desarrollo de una variedad de enfermedades relacionadas con la autoinmunidad, incluyendo artritis reumatoide, lupus, cánceres”, señala Cuevas Fernández.

En resumen, según esta experta, los lácteos tienen un alto contenido en antígenos que "agotan" el sistema inmunitario, haciéndolo más vulnerable a las infecciones y a enfermedades directamente relacionadas con nuestro sistema inmunológico.