Los 5 saboteadores del cuerpo 10

EFE | Jul 06, 2004 | 12:00 AM
Si has bajado de peso, no bajes la guardia: cuando se ha llegado al peso deseado muchas veces se vuelven a recuperar en poco tiempo los kilos perdidos, debido a los "saboteadores internos". Para evitarlo, hay que enseñar al organismo a adelgazar y no volver a engordar, reeducando la mente y el cuerpo.
"Cuando terminamos un tratamiento para adelgazar en que las alteraciones endocrinas que causan el exceso de peso han sido corregidas, los malos hábitos vuelven a instalarse y hacen que se vuelva a engordar", explica el doctor José Luis Cidón Madrigal.
Para reeducar la fisiología del organismo, corregir los malos hábitos mantenidos durante años y mantener el peso ideal, este experto en nutrición propone una serie de métodos, destinados a revertir los desajustes del estómago, los riñones, el intestino y el páncreas, que deben aplicarse siempre bajo control médico. Reeduca la saciedad estomacal: Las paredes del estómago tienen receptores que "avisan" cuándo este órgano está lleno al sistema nervioso central, el cual estimula la desaparición del hambre; es el "reflejo de saciedad". Para que este mecanismo actúe debe darse determinada tensión en las paredes estomacales: si el estómago es muy grande necesitará que entre mucho alimento para llegar a la presión que genera el reflejo de saciedad; si es pequeño con poca comida las paredes sufrirán la suficiente distensión para inducir la saciedad. Las personas estresadas comen tan rápido que no dan tiempo a que se dispare el reflejo de saciedad y cuando éste se inicia su estómago está rebosante, con la consiguiente hipertrofia de las paredes musculares estomacales, que causarán la obesidad. Para evitar que el estómago se hipertrofie hay que comer despacio, masticar bien, tomar comidas fáciles de digerir, y evitar el estrés, las bebidas gaseosas y los alimentos flatulentos, que agrandan las paredes estomacales, señala Cidón Madrigal. También conviene comer a las mismas horas y procurar un llenado gástrico regular en las comidas, beber de vez en cuando un líquido fresco, el cual sacia el apetito y hace acortar las fibras musculares de las paredes estomacales, y adecuar la cantidad de alimentos ingeridos al tipo de actividad física desarrollada. Si el órgano está hipertrofiado, hay que adelgazarlo y reducirlo. Para reducir el estómago a un tercio de su capacidad en 20 días, se aconseja durante ese lapso no tomar bebidas gaseosas, no comer pan ni féculas, tomar muy poca grasa y beber un total de 2 a 3 litros diarios de agua fría, antes, durante y después de las comidas, y cuando sientas hambre entre comidas.
Una deficiente eliminación renal, supone retenciones de líquidos que acumulan toxinas en los tejidos, las cuales atraen más líquidos, propiciando que las células adiposas se expandan. Y el espacio que empieza ocupando el agua al final lo rellena la grasa. Orinar poco predispone y genera obesidad, pero beber mucha agua es bueno porque "lava" el organismo, depurándolo. El consumo excesivo de sal, que hace retener el agua en el cuerpo, la vida sedentaria, trabajando muchas horas sentado y moviéndose poco, y el estrés, que hace postergar el momento de ir al baño aguantando las ganas de orinar, son otros factores que van maleducando los riñones, hasta inhibir el reflejo de micción. Para mejorar la eliminación renal, durante 20 días hay que tomar muy poca sal y de 2 a 3 litros de agua como mínimo, no aguantar nunca los deseos de excretar, y procurar orinar cada 2-3 horas como mínimo, incluso sin ganas, a partir de la hora en que se levante y orina por primera vez.
Normaliza la actividad de los intestinos: El tránsito intestinal es decisivo en la obesidad: según sea la rapidez con que los alimentos pasan por el intestino delgado, así será la absorción: si es muy lenta, la absorción de los alimentos es muy completa y el aporte calórico de lo ingerido será mayor. La frecuencia evacuatoria es muy importante, porque el colon tiene cierta capacidad de absorción, y si los desechos de la alimentación permanecen allí más tiempo del debido, se acumulan sustancias tóxicas que producen malestar. El organismo debe habituarse a evacuar regularmente. Si el hábito horario se pierde surge el estreñimiento, por lo que se recomienda que esté donde esté y lleve la vida que lleve, acuda al baño a la misma hora para no perder el hábito o recuperarlo. La irregularidad en el desayuno y el hábito de picar entre comidas hacen que llegue todo el día alimento al estómago, con lo que continuamente llegan señales al colon, que finalmente se hace el sordo a los mensajes, produciéndose el estreñimiento. Para reeducar el intestino, hay que masticar bien los alimentos, beber mucha agua, incorporar a la dieta comidas ricas en fibra, como las verduras y legumbres, y procurar defecar una vez al día, siempre a la misma hora, preferiblemente al levantarse, cuando se activan los reflejos viscerales.
El páncreas es una glándula que segrega enzimas que se liberan en el intestino para ayudar a la digestión, así como la insulina, una sustancia clave para el metabolismo de los azúcares. El centro del apetito está en los núcleos laterales del hipotálamo cerebral, donde unos receptores detectan los niveles sanguíneos de glucosa y provocan por vía refleja la sensación de hambre, cuando se produce un gasto rápido de glucosa debido a una intensa actividad física (muscular) o mental (nerviosa). Se produce entonces una especie de síndrome de abstinencia que origina, además un deseo desaforado de comer. Para prevenir esos bajones de glucosa es recomendable hacer un buen desayuno, un almuerzo normal y una cena ligera, además de respetar las horas de las comidas. Si se produce entre comidas un deseo desmedido de azúcar, se puede tomar a media mañana y tarde un café o un té con azúcar, o bien fruta o miel.
Controla al cerebro, el gran gourmet: Para algunos expertos el principal órgano digestivo es el cerebro, que controla lo que uno se lleva a la boca. Puede llevar tres o cuatro semanas superar los hábitos alimenticios nocivos que han calado en la mente, pero hay que insistir hasta cambiarlos. Para la nutricionista Magda Carlas, "para mantener una alimentación sana y equilibrada y controlar el peso, hay que reemplazar los vicios, conductas automáticas y malas costumbres dietéticas, por buenos hábitos y una conducta adecuada". "Algunas personas reducen la ingesta de pan o legumbres con la excusa de que engordan, cuando en realidad son imprescindibles, mientras que otras veneran la carne o la leche, que a veces consumen en exceso", explica la experta.
Para reeducar el cerebro es recomendable buscar la variedad y huir de las dietas monótonas, evitar las grandes comilonas, el picoteo continuo, el apetito insaciable; son todos excesos inducidos por el estado de ánimo.
También es importante alimentarse sentado, despacio, masticando y saboreando la comida, con tiempo y en un ambiente tranquilo, y tomar las comidas a horarios regulares, lo cual ayuda a evitar los vacíos de estómago y los apetitos incontrolados.
Comer demasiado, para satisfacer sensaciones, para superar emociones o como una reacción al estrés son otros hábitos que hay que eliminar para perder peso y mantenerse.
Para cambiar las conductas nocivas por otras beneficiosas, hay que identificar los hábitos nocivos: ¿Comes debido a hábitos de la niñez como ser premiado con comidas si te portas bien, para cambiar de ánimo, por aburrimiento o soledad, como reacción al estrés o la presión, para lograr un placer inmediato o para satisfacer una necesidad que sólo sacia la comida?.
El siguiente paso es convencerte de que necesita cambiar: concéntrate en los beneficios y recompensas de cambiar, o en los perjuicios o resultados de no hacerlo; el objetivo es que obtengas suficientes medios para hacer los cambios.
Después, establece qué desata tus conductas. Puede haber muchos estímulos que te hacen comer en exceso: descubrir cuáles son esos desencadenantes implica casi ganar la batalla; deténte justo antes de comer algo no planeado; aísla lo que estás sintiendo, haciendo y pensando en ese momento.
Ahora ya puedes actuar contra los desencadenantes. Para evitar la reacción automática que te lleva a comer y poder controlar tu boca, intenta hacer ejercicios, respirar profundamente o practicar una actividad física que te haga cambiar de objetivo y te aleje de la tentación de llenarte de comida, siempre que sea necesario.
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