Riesgos de la reducción de estómago

EFE | Jun 04, 2004 | 12:00 AM
Este tipo de intervenciones supone un riesgo de mortalidad de entre el uno y dos por ciento de los casos, similares a las intervenciones de corazón, pero agravado por tratarse de enfermos con muchas patologías graves, en las que se opera un aparato digestivo en el que habitan bacterias, por lo que el riesgo de infecciones es más elevado.
La obesidad es un problema que preocupa cada vez más a sociedades avanzadas como la nuestra e, incluso algunos, la denominan ya “la epidemia del siglo veintiuno”.
Los costes sanitarios derivados de esta situación son enormes. Así, en Estados Unidos, el país con más casos de obesidad (el 61 por ciento de su población está en sobrepeso u obesidad), representó en el año 2000 un coste médico de 117 billones de dólares y, en España, supuso un total de 2,500 millones de euros anuales.
“Se trata de un problema con muchas vertientes, ya que, en un porcentaje notable de casos, son personas con factores hereditarios y genéticos importantes. También intervienen otros factores, como los hábitos alimentarios y la poca actividad física. Actualmente se han disparado los casos de obesidad infantil porque los niños están delante del ordenador o de la televisión y no corren y juegan como antes. Si a eso añadimos las comidas rápidas o “basura”, es normal que los casos de obesidad se disparen”, explica Luis Molina, cirujano, miembro de la Unidad de la Cirugía de la Obesidad del Hospital Clínico en Madrid (España), en donde se han realizado cerca de 600 intervenciones de esta patología.
“Son intervenciones complicadas en enfermos muy complejos, pero totalmente válidas y aceptadas en medicina. No son operaciones banales, ni estéticas, sino que realmente son necesarias porque los pacientes mejoran considerablemente su calidad y expectativa de vida. A la larga permiten salvar muchas más vidas”, explica el doctor Luis Molina, uno de los cirujanos de España con más experiencia en operaciones de reducción de estómago en el mundo.
Entre 100 y 200 kilos ¿Quienes son estos pacientes y por qué acuden a las manos de cirujanos para tratar sus dolencias? Son pacientes con un IMC (Indice de Masa Corporal) superior al 40 de masa corporal que puede llevarles a tener entre 100 y 200 kilos de peso, lo que implica que el paciente padezca muchas complicaciones de salud y reduzca considerablemente su calidad de vida y sus expectativas de vivir.
Son personas con dificultades para moverse y que presentan otras dolencias que afectan a todos los sistemas del cuerpo humano o con otras enfermedades añadidas como diabetes, hipertensión arterial, apneas del sueño, problemas respiratorios, problemas cardíacos, afecciones osteoarticulares que pueden provocar problemas de invalidez A pesar de ello, el riesgo de este tipo de intervenciones es evidente. Ocho muertes desde principios de año sólo en España avalan este argumento. La profesión médica se defiende argumentando que se trata de un método validado y que el índice de mortalidad es aceptable teniendo en cuenta los problemas que padecen este tipo de pacientes y las grandes mejoras que se obtienen gracias a ellas.
"Se trata del único procedimiento eficaz para tratar la obesidad mórbida. De las 2,000 intervenciones al año que se hacen en toda España, más del 90 por ciento de los enfermos pierden más del 50 por ciento del exceso de peso. Es tan positivo que, aunque no se pierda todo el exceso de peso, se mejoran las enfermedades derivadas de la obesidad”, explica con rotundidad el doctor Molina, cirujano del Hospital Clínico de Madrid.
Muchas personas se preguntan si no existen otros métodos fiables, al margen de las intervenciones quirúrgicas, para combatir esta enfermedad, pero los médicos son taxativos en este aspecto.
"La obesidad incrementa el riesgo de muerte prematura de forma considerable, de entre el 50 y 100 por ciento de los casos. Cuando un paciente acude a nosotros con obesidad mórbida, le quedan pocas salidas, al margen de la quirúrgica. Primero, debe haber combatido esa dolencia con otros métodos de dieta en manos de un endocrinólogo, y, si no se obtuvo un resultado satisfactorio, lo más aconsejable es la intervención quirúrgica”, explica el doctor Molina.
Los requisitos para que un paciente sea candidato a este tipo de operación son la edad, entre 18 y 60 años, cinco años de tratamiento contra la obesidad con otros métodos dietéticos y el fracaso de las terapias convencionales.
Para el doctor Molinala profesión médica está injustamente tratada a causa de las últimas informaciones.
“La gente tiene que tener en cuenta que la obesidad mórbida es una enfermedad importante y que su paso por el quirófano, como con muchas otras operaciones del aparato digestivo, supone riesgos para el paciente”.
Apoyo sicológico
La realidad a día de hoy es que los pacientes que están en lista de espera no dudan en seguir operándose pese a los riesgos que parecen tener esas intervenciones.
“No están cancelando sus intervenciones, generalmente, porque estos pacientes necesitan operarse y optan por asumirlo, aunque dudan más y están alarmados por los medios de comunicación. Son conscientes que no les queda otro remedio que pasar por quirófano, porque les mejora muchísimo su calidad de vida, pero tienen que saber que son intervenciones con un pequeño índice de complicaciones y de mortalidad, pero con técnicas fiables. Cuando uno se mete en un quirófano tiene que ser consciente de que existe algún tipo de riesgo”.
A pesar de todo ello, el doctor Luis Molina se reafirma en que los casos de muerte son excepcionales.
"Es necesario dar tranquilidad y sensatez a la opinión pública. La gente debe tener muy claro que los que tengan necesidad de operarse, vayan tranquilos, y que tengan presente que entrar en un quirófano puede tener sus complicaciones, aunque sean pequeñas, pero que existen todas las garantías médicas para operarles”.
El apoyo sicológico en estos tratamientos siempre es positivo en estos casos, con un plan multidisciplinario que incluya a endocrinólogos y cirujanos. Una vez el paciente ha salido del hospital, empieza una fase tanto o más importante que la quirúrgica, ya que el paciente va a necesitar apoyo sicológico y social, además de modificar totalmente sus hábitos alimentarios y de vida. “Les cambia la vida por completo, encuentran trabajo, la gente les mira de otra manera y mejoran considerablemente su autoestima,” explica el doctor Molina.
Pero la fase de tratamiento no acaba aquí, ya que, en muchos casos, los pacientes han de pasar por el cirujano plástico para que les quite los colgajos de grasa tras perder mucha cantidad de peso. “Es un proceso complejo que no acaba únicamente con la cirugía, si no que implica seguir en tratamiento, manteniendo el control por parte de un endocrino y con posibles intervenciones de cirugía plástica reparadora”, subraya el doctor.
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